¿Qué pasa con el artículo 8 de la CE,78, me pregunto?, y
le pregunto a los nacionalistas arriscados que lo ignoran. ¿Por qué no leen con
sosiego la constitución?
¡Hombre!;
aunque ni soy John Wayne, ni veo a Maureen O’Hara por ningún lado, no perderé
la calma. La violencia no está en mi ánimo. Quizá me pase en mi afán dialogal
¿se puede pasar uno en su ánimo de diálogo?
Hace tiempo
que sé que no es posible convencer a nadie. Es una decisión actitud íntima;
“noli foras ire, in interiori homini habitat veritas” (S. Agustín). Para los
lectores jóvenes, privados de la opción de saber latín, esa frase significa, en
versión libre: “No vayas por el mundo adelante buscando lo que no encontrarás en
él; la verdad anida en el interior del corazón humano”.
No
hace falta ser licenciado en derecho, sobra con un poquito de sentido común,
para saber que a los textos fuera de su contexto se les puede hacer decir lo
que se quiera. Benavente en su obra “Los intereses creados” ayudaba a esta
trampa con un diestro cambio de comas aquí y allá para conseguir que un texto dijera lo que
nunca dijo.
Nuestros
políticos corruptos son un dechado de invento de expresiones con las que
pretenden engañar al que no necesita ese esfuerzo, porque se engaña solo, esfuerzo
que es inútil para intentar engañar al que no se deja.
Solemos
acusar a los demás de los pecados que no podemos corregir en nosotros. En un
régimen democrático, el que acusa tiene la carga de la prueba. No rige la ley
de sospechosos ni hay que “ser adicto al régimen nacionalista”. A ninguno,
claro.
Se
que es difícil erradicar del corazón el peligroso atavismo de la dictadura. La
única solución es un corazón honradamente democrático de donde no pueda emerger
es ánimo nacionalista, que es siempre dictatorial.
Con este
preámbulo leamos el art 8.1,CE78: “Las Fuerzas Armadas constituida por el
Ejército de Tierra la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión
garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad
territorial y el ordenamiento constitucional”.
La
“soberanía e independencia de España” es un concepto doble e indisoluble; sólo
es soberano el que es independiente. Esa independencia se refiere al poder
ajeno al del pueblo que formamos todos
los españoles donde, “reside la soberanía nacional” (art. 1.2,CE78). Misión de
las Fuerzas Armadas es cualquiera, excepto la guerra civil. En una guerra civil
tan españoles son unos como otros y, siendo democráticos, el único lugar para resolver
las discrepancias entre españoles son las urnas. Nunca las Fuerzas Armadas,
como algunos violentos pretenden una y otra vez, y a veces consiguen. No
queremos a nadie con los caballos en el Parlamento; tampoco a ningún Tejero a
pie.
“España se constituye en un Estado social y
democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento
jurídico, la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político” (art.
1.1. CE78). No hay ningún valor superior que incluya la violencia, sino la
justicia; el atropello por la fuerza, sino la igualdad; la invasión ¿invadirnos
a nosotros mismos?, sino el ordenamiento jurídico.
Y
sobre todos, la tranquilidad y perseverancia prevalecerán sobre la violencia. No
hacerlo sería la gran derrota porque nos haría iguales a los asesinos. Toda
violencia siempre cae sobre los más débiles. La justicia no siempre castiga al
delincuente, al insocial o al buscavidas. Pero casi nunca atropella al
inocente. La ley, en ese sentido, protege más al pillo que a la persona
honrada. A ésta la protege su honradez. Pero muchos seguimos defendiendo que es
mejor que un delincuente circule libre por la calle a que un inocente esté
injustamente en la cárcel.
Por eso mismo,
el sitio de las Fuerzas Armadas son los cuarteles o las funciones humanitarias,
como felizmente están haciendo ahora ¡más o menos! ¿O al grito de Gibraltar
español lo mandamos a conquistar la roca o a atropellar a los que ejercen su
libertad pidiendo lo que prefieren? ¡Venga ya!
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