Ya quedamos pocos que conocimos a
alguien que hubiera luchado en Cuba y Filipinas, somos más los que conocimos a
los supervivientes de la última diversión del abuelito del rey, al que le
encantaba jugaba a los soldaditos disfrazándose con los mil y un uniformes que
tenía, a costa de la vida de los españoles para que, los de siempre, hicieran
buenos negocios en África. Estos son los regalos que le hace al pueblo la
monarquía y que hacen inexplicable...