Franco,
como todos los dictadores, también usó de elementos naturales para sojuzgar la
libertad individual: la familia, el municipio y el sindicato fueron los instrumentos
con los que secuestró la libertad individual. Le bastó buscar cómplices en
quienes tenían mentalidad de cacique, y vio que abundaban:
1.- hacer dueño y señor de la
familia al varón. De ese modo la mujer queda convertida un cero a la
izquierda,
a ser posible sexualmente atractiva, fecunda y laboralmente hacendosa;
2.- hacer dueño y señor del municipio
al Alcalde. Designado por el Gobernador Civil, éste ¡por si acaso!,
podía
avocar su derecho;
3.-- en cuanto al sindicato,
aun recuerdo las convocatorias de elecciones sindicales: “vota sin temor al
veto porque
tu voto es secreto”, decía la propaganda. Se pretendía dar imagen de democracia
participativa porque se podían elegir representantes sindicales en varios
estamentos; la realidad es que la mayoría estaban designados por el Ministro de
los Sindicatos; otro fraude más.
Hoy el
partido, con sus listas cerradas, es el altar donde se secuestra la verdad, que
se sacrifica en el altar de la corrupción y en el de “confundir“ el interés
publico con el privado. El nacionalismo defiende la “familia” para aherrojar la
libertad del individuo; defiende los “principios religiosos”, que amenazan con
males en el otro mundo. Para que no se le escapen de la mano, se apropia de los
sindicatos, que sólo pueden subsistir si beben de los PGE De este modo, aunque
se les permiten ciertas licencias, son igualmente serviles que eran con Franco.
El actual Jefe
del Estado es hijo de este esquema de atropello a la igualdad de derechos de
los hombres y ciudadanos. Nunca fue elegido por el pueblo, es decir, por los
ciudadanos. Lo nombró el dictador. De tal palo ético nace su pretensión de que el
siguiente Jefe del Estado sea su hijo, sin permitir que el pueblo diga nada, es
decir, los ciudadanos. Su único mérito es el sexual ¡y aún éste pasivo!; es el mero
fruto de la tercera fecunda coyunda principesca, que por aquellas fechas ya
tenían el título que les diera el dictador: PRÍNCIPES DE ESPAÑA POR LA GRACIA
DEL DICTADOR
Lo más
indignante de todo el comportamiento de los miembros de esa familia no es que a
padre, hijo y a toda ella se les llene la boca con esa mentira de decir que han
traído la democracia al país. Ellos, en realidad, son el último obstáculo para terminar
la Transición a la Democracia y recuperar la que su valedor nos robó. Pero sin
duda es la declaración más cínica de todas las que yo recuerdo.
Beccaria,
hace ya un cuarto de siglo, ¡250 años!, denunciaba el atropello a la libertad
individual:
por haber considerado a la
sociedad más como una unión de familias que como una unión de hombres
(mujeres y varones
|
y añadía:
Supongamos 100.000 hombres,
o sea 20.000 familias, cada una de las cuales está formada por cinco personas
incluido el cabeza de familia que la representa; si la asociación está hecha
por familias habrá 20.000 hombres (mujeres y varones) y 80.000 esclavos; si
la asociación es de hombres habrá 100.00 hombres y ningún esclavo. En el
primer caso habrá una república y 20.000 pequeñas monarquías que la componen;
en el segundo el espíritu republicano no sólo alentará en las plazas sino
también entre las paredes del hogar donde reside gran parte de la felicidad o
de la miseria de los hombres (mujeres o varones)
|
La derecha
nacionalista, fascista y totalitaria, los eternos enemigos de la libertad
individual, que era ya un “Derecho Universal del Hombre (mujer y varón) y del Ciudadano”
antes de que los franceses lo convirtieran en una realidad, sólo hablan del
“pueblo” y de la “familia”. Ellos siempre se presentan como los “defensores del
pueblo” y los “defensores de la familia”. Jamás como “los defensores del hombre
(mujer o varón) y del ciudadano”. Para ellos el hombre y el ciudadano (mujer o
varón) es su enemigo natural. Tienen toda la razón: el individuo piensa; el
pueblo no; se deja manipular por el Jefe.
Sólo el ciudadano
educado en la reflexión puede defenderse de esas ideas falsas. Hoy el acceso a
la información por la vía tecnológica permite esperar la derrota de estos
atropelladores de la libertad individual. Frente a las mentiras de sus medios
de comunicación surge una información paralela donde, aunque también hay
mentiras, las verdades sobresalen con la potencia que siempre tiene la verdad.
Estos que siempre
quisieron seguir siendo los “propietarios de nuestra libertad” ya no pueden
frenar la difusión de las ideas como hicieron en la anterior revolución
tecnológica: la de la imprenta. Entonces exigían el nihil obstat regio y religioso. Esos dos poderes, terreno y
extraterreno, atropellaban en incastii
connubii la libertad del hombre (mujer
y varón) y del súbdito al que no le permitían llegar a ser ciudadano. Hoy no
hay imprimatur que valga: “la red –
pese a todas sus mentiras - nos hace libres”.
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