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14 oct 2013

La farsa del quiero y no quiero: (4) Conclusión patética

El Sr Más (y el Sr. Rajoy) deberían dejar de enredar y, el primero, dar en serio el paso al frente que tanto le asusta; pero nos tememos que seguirá el guión acordado con el Sr. Rajoy.
SÖLO tendría que establecer una fórmula de recoger las adhesiones de los ciudadanos catalanes a la petición que el quiera hacer - ¿sabe ya cual quiere hacer o todavía la va a seguir cambiando? - de modo fehaciente - se pude hacer por vía notarial - y presentar ese respaldo mayoritario de independencia ante el Congreso de los Diputados y el Senado.
SÓLO, si lograra la mayoría, le sobraría derecho a exigir el mismo respeto que reconoce el art. 1.2,CE78: “la soberanía reside en el pueblo de donde emanan todos los poderes del Estado”. Una soberanía que renuncia a los derechos que derivan de ser españoles y que se dotará de los derechos que, constitucionalmente, decidan reconocerse entre ellos.
SÓLO así ejercería ese derecho soberano - la petición sin serlo procesalmente hablando tienen valor referendatario - que tendría que ser admitida como válida expresión de la mayoría de los catalanes y, en consecuencia, aceptada por el Congreso y el Senado. Estos deberán respetar esta expresión de la soberanía con las consecuencias indicadas, en la exposición de motivos.
SÓLO necesitaría enviar una copia de esa petición con respaldo mayoritario a todas las cancillerïas, todas le reconocerán el derecho a ser independiente y, cuando lo sean, todas estarán dispuestas a firmar tratados internacionales, como ocurre con todas las naciones.
SÓLO SÉ QUE NO HARÁ NADA; seguirá reclamando el derecho a decidir, que ya tiene. El derecho a decidir sobre su vida y hacienda es un patrimonio de cada ciudadano. El derecho que le había secuestrado el rey y que ahora - aunque esto no sea una democracia - ha recuperado casi plenamente en la CE78 y recuperará íntegramente en la III República.
SÓLO SÉ QUE NO HARÁ NADA; sabe que no tiene esa mayoría; por eso su única opción es seguir enredando con esta comedia de dos monólogos que ha organizado con el Sr. Rajoy.
Los catalanes merecen a alguien más serio que el Sr Más y todos los españoles merecemos a alguien más serio que el Sr. Rajoy.
¡Qué personajes tan patéticos!

13 oct 2013

Derecho a decidir: (34) un ejemplo legal

España fue durante muchos años pionera en el derecho internacional. Los libros del Consulat del Mar, publicados en Barcelona en la Edad Media fueron una referencia que copiaron las naciones-estado hanseáticas por lo equilibrado y justo de sus preceptos. España reconoció el derecho legal de los indígenas a la libertad tras descubrir América. Pero no se respetó la ley,  que “el espíritu está pronto, pero la carne es flaca”. La diferencia fue clara con otros colonizadores que masacraron a los colonizados pero con la ley en la mano. Fue como durante la guerra civil: en el lado republicano hubo abusos que el gobierno no pudo evitar; los golpistas institucionalizaron los abusos desde el poder. El muerto quedó igual de muerto, pero la indignidad fue diferente.
España debe reconocer el derecho a la secesión y ser pionera en el derecho para resolver pacíficamente los conflictos de convivencia. Tenemos el Kurdistán, Palestina, Taiwán, Tibet, el Frente Polisario, etc. La solución resultaría aplicable a las pretensiones de corsos y bretones, todavía no violentos, a los padanos inventados por  Bossi o en resolver los conflictos del Reino Unido y el Ulster y el reciente del Sr. Mas.
¿Quién prefiere una solución violenta a una pactada? ¡Sólo los violentos! Ésa es otra razón más para que los demócratas acabemos con una convivencia de modo pacífico y sin violencia. Muchas gente se divorcia de mutuo acuerdo; eso facilita la posterior convivencia. Es más seguro y placentero ser alemán en Mallorca que vivir en el País Vasco bajo la violencia nacionalista de los etarras, prácticamente desaparecida.
Aceptar la sinrazón del violento - admitamos pulpo como animal de compañía - es de utilidad universal para resolver conflictos si es imposible la convivencia amable. La secesión, aunque sea pacífica, va contra el progreso en la convivencia, en tanto que separa en vez de unir. Vivir bajo la violencia es un mayor retroceso. Gibraltar; Ceuta, Melilla y tantos otros asuntos se pueden resolver por acuerdo e indemnización. Incluso el señorío de Treviño, cuyo derecho histórico no respetan los que reivindican sus derechos históricos de independencia; los que nunca tuvieron. No quieren seguir el ejemplo francés con Llivia, un pueblo español rodeado de Francia por todas las partes.
La vida tiene un precio. Los pacíficos estamos dispuestos a pagar más de lo exigible para tener el derecho a vivir en paz y justicia que el violento no permite.  La única condición es la garantía de protección de los derechos de los ciudadanos que, si triunfa el referendum de secesión - dejando sólo votar una parte de los afectados - que se convirtieran en extranjeros en la tierra donde nacieron. En frase gráfica de Arzallus: tendrían los mismos derechos que un alemán en Mallorca. Los mismos; ni uno menos.
Quizá estos ciudadanos puedan sentirse inicialmente abandonados por los demás españoles. No será así; al menos a ellos les dejan participar en el referendum, derecho que se nos niega a los demás españoles. Tener los derechos de los alemanes en Mallorca es un progreso frente a la calidad de vida en el País Vasco bajo la violencia etarra. Para los catalanes la situación sería parecida a la de ir a Cerdeña: el idioma es parecido.
Los demás españoles podríamos darles un trato laboral y económico preferente si abandonaran su tierra de nación y conservaran la ciudadanía española. Sin duda podrían encontrar trabajo, incluso en estos momentos de crisis, porque serían una minoría Los españoles renunciaríamos gustosos a nuestra subida salarial por solidaridad con ellos para afrontar la indemnización por cambio de residencia.
El Gobierno Provisional Preconstitucional del nuevo país puede plantearse si sus ciudadanos quieren obtener o no la ciudadanía europea, perdida al perder la española, España podría aprobar, sin rencor, su integración tras la petición formal y tras verificar que la Constitución del nuevo Estado no incluye discriminaciones racistas. Pero nadie sabe si las condiciones del Acuerdo de Integración en la UE serán peores o mejores que las actuales, con sus privilegios históricos dentro de España. Bruselas no tiene ningún compromiso económico-histórico que respetar. Eso entraña un riesgo. Lo sensato, es que España establezca un procedimiento para votar la secesión. Sería también lo inteligente; por eso no ocurrirá mientras gobierne el PP y haya una monarquía. Eso sólo es posib le cuando finalice la Transición a la República Democrática que nos robaron.

11 oct 2013

Derecho a decidir: (33) el precio es el fin del privilegio

A lo largo de la historia de España algunas regiones tuvieron privilegios que se perdieron poco a poco; algunas los conservaron; una reliquia histórica, porque en los conflictos siempre eligieron el bando ganador. Pero eso ¿no contradice el artículo 14 de la Constitución?. Si privilegios y fueros personales desaparecieron, muchos mucho más antiguos, ¿por qué se conservaron estos colectivos? Porque sólo un demócrata renuncia a sus privilegios. Lo que aman el privilegio, la ley privada que eso significa, no lo son.
Cuando los demás territorios de ley común aumentábamos nuestros derechos, ellos se apuntaban a todas las ventajas ¿por qué no reivindicaban su privilegio menor?. O se respetan los privilegios ajenos - mayores derechos de la ley común - o se apunta uno a los derechos de la ley común, incompatible con los privilegios. Jugar a dos barajas no es ético ni democrático. Recuerda el lema: “lo mío - el privilegio - es mío y lo tuyo - el progreso en el derecho común - es de todos”. Hay que elegir: vivir anclados en sus viejos privilegios, una ventaja respecto de una España medieval, donde TODOS tenían sus privilegios, unas veces ventajosos otras veces perjudiciales o vivir en un país moderno, con derechos modernos donde el privilegio no tiene asiento. Pero ya lo hemos dicho, el ventajista aplica la máxima: “los privilegios son míos, tus progresos también”. No tienen remedio. Lograr un demócrata es un gran esfuerzo de educación.
Todo contrato se puede romper unilateralmente. Pero los jueces, con la ley en la mano, exigen indemnizar el daño. La indemnización será el fin del privilegio foral, por no democrático, que se producirá en el momento en que se apruebe celebrar el referéndum unilateral ¡en el que no se permita participar a todos los afectados!
El “privilegio” no democrático se toleró extemporáneamente por acuerdo entre partes. Sólo permanece mientras ambas partes tengan iguales derechos. Si una parte ejerce su derecho a romper unilateralmente un asunto acordado, el acuerdo queda roto. Si triunfa, se impone unilateralmente la decisión unilateral; si fracasa, roto el acuerdo la otra parte, a la que no se permitió opinar, ya no está obligada a mantener el acuerdo roto. El resto de España puede alegar incumplimiento de contrato unilateral. La norma para seguir el contrato tiene que ser ya sin privilegios extemporáneos e incongruentes en una democracia impropia de un país desarrollado en el S. XIX
Eso no ocurriría si votaran ambas partes. Entonces no habría incumplimiento de contrato, sino novación del acuerdo. Y cabrían los privilegios si no gana la secesión,
Si la consulta la impone una parte a la otra, el acuerdo anterior queda roto; y con él la obligación de respetar los privilegios de la parte unilateral, haya o no secesión. Si la gana, se va con su privilegio, que también se extingue: ya no tiene a quien imponérselo.
Esto es lo que exige la equidad y el sentido común. No se pueden tener todas las ventajas en el mismo saco. El derecho a que quien rompe el acuerdo, si no se consigue la mayoría, siga obligando a la parte a la que no dejó ni opinar no es “ejercer l libertad de elección”, es impedir que los demás la ejerzan.
Sin duda los nacionalistas rechazarán este razonamiento. Años de privilegio les hacen creer que son algo genético. Son sólo un acuerdo cuyos términos es el respeto a las dos partes. Roto ese término, el acuerdo se esfuma al negar el derecho a la otra parte.
 Por eso, el rechazo a esa pretensión de “derecho a decidir” no es porque nadie lo rechace, sino porque se quiere ejercer de modo ventajista. O votamos todos o una parte niega el derecho a decidir a la otra parte. La que lo haga unilateralmente libera a la otra parte de su acuerdo. La continuidad de la convivencia exigirá, pues, un nuevo acuerdo entre las partes sin “privilegios históricos”. Es lo correcto entre partes que se respetan.
 No es difícil comprender estas normas de ética democrática; ¡si se es demócrata, claro!
¿Se imagina que Puerto Rico reivindicara el derecho unilateral a decidir dejar de ser un ELA y, simultáneamente su derecho unilateral a ser un Estado de los USA? Eso, pero no se dan cuenta, pretenden los partidarios del derecho unilateral a decidir.

9 oct 2013

La farsa del “quiero que no quiero”: (3) El Estado de derecho




Ninguna norma procesal puede impedir que se aplique un Derecho Constitucional, salvo que se quiera recuperar el Principio contra el Estado de Derecho que acuñó Romanones: “Dejad que mis enemigos hagan las leyes que yo haré los reglamentos” ¡que todo es posible!
En realidad la contradicción de que hablábamos ayer es una mera apariencia que resuelve la Disposición adicional primera regímenes especiales que repite lo que dice el art. 4.2: “las peticiones dirigidas al Congreso de los Diputados, al Senado  …  se tramitarán de conformidad a lo establecido en sus respectivos Reglamentos …” a los que impone una obligación “ … que deberán recoger la posibilidad de convocar en audiencia especial a los peticionarios, si así se considerara oportuno …” recordando una limitación “ …, quedando sujetas, en todo caso, las decisiones que adopten al régimen de garantías fijado en el artículo 42 de la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional” (DA1ª.2)
Además la ley establece que “En los supuestos en que una iniciativa legislativa popular haya resultado inadmitida por no cumplir con todos los requisitos previstos en su normativa reguladora, a petición de sus firmantes podrá convertirse en petición ante las Cámaras, en los términos establecidos en sus respectivos Reglamentos” (DA1ª.2)
Conviene señalar que la CE78, en una redacción inteligente, no dice cuales son los límites del territorio nacional. Desde 1800- salvo la excepción de Menorca y de Olivenza -  su territorio disminuye. Lo que dice es una inteligente tautología:“la indisoluble Nación española ES SÓLO la parte del mundo que se autodefine como “indisoluble Nación española”.
Por tanto - experimentalmente - que parte del previo territorio de la Nación española deje de serlo no modifica los derechos de los demás ciudadanos dentro de la Nación española (que quede) ¡que sigue siendo indisoluble! Eso quiere decir que, quien se va no se puede llevar el título de “Nación española”. Ésta sigue siendo única e indisoluble. Por eso sigue vigente, ¡sin modificación ninguna!, el art.2,CE78: “La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas. el territorio nacional”.
La parte que se secesione dejará de ser parte de la “indisoluble Nación española” ¡como ya pasó tantas veces! Los nuevos ciudadanos pierden todos los derechos y libertades que tenían. A cambio, adquirirán, “nacionalmente”, los de que se doten de modo soberano, e “internacionalmente” los que las demás naciones les reconozcan, también de modo soberano.

El caso Garzón: (13) ¿Justicia? Si, en Luxemburgo

4.- Una tras otra
                 La sentencia del Tribunal de Luxemburgo, reunida la Gran Sala, porque el Gobierno español, en defensa del capital que estafó a todos los ciudadanos recurrió la sentencia del Tribunal cuando dio la razón a favor de los derechos del ciudadano víctima de la expropiación de los bancos, ha obtenido su merecido: ser puesto en la picota: declararle atropellador los derechos humanos por su ley sobre deshaucios. La sentencia es rotundamente irrevocable, dictada por la Gran Sala.
                 La más reciente sentencia adversa al Gobierno procede también del Tribunal de Luxemburgo. También aquí el Gobierno, recalcitrante, exigió que se reuniera la Gran Sala porque el Gobierno español recurrió la sentencia del Tribunal que le condenó porque la doctrina Parot atropella los derechos humanos de los ciudadanos condenados tras cumplir su pena conforme la ley vigente. Se les condenó por sentencia firme, por tanto, inmodificable; adquirieron, de acuerdo con la ley, los derechos a la redención de parte de la pena, tal y como se interpretaba la ley entonces.
 Este error del Gobierno revela su concepción vindicativa de la justicia. También su ignorancia o su insensibilidad ante la doctrina establecida hace un cuarto de milenio por Beccaria. Este Gobierno se ha hecho acreedor a ser puestos en la picota y que sea ahora la Gran Sala - pese a los lobbies que actúan presionando a los magistrados - al declararles autores del atropello de los derechos humanos con la doctrina Parot. La justicia española quedará a la altura de la justicia de la de los países más inmundamente injustos. La sentencia, dictada por la Gran Sala será rotundamente irrevocable en aplicación de la doctrina reivindicada hace un cuarto de milenio por Beccaria, y obligará a indemnizar a unos asesinos por la torpeza jurídica y la falta de ética de un Gobierno que los ha convertido en víctimas.
                 También, si este Gobierno no lo remedia - el Gobierno anterior, a través del Fiscal, se opuso a esta sentencia - tendremos que indemnizar al juez por el daño sufrido: el material y el moral.  Ahora bien, ¿quién nos indemniza a nosotros por haber sido privados de su justicia tantos años? El error era vencible y no lo vencieron; y tampoco apreciaron la falta de dolo y malicia que no tenía el juez Garzón.

6 oct 2013

La policía al servicio del ciudadano: (9) La libertad hace hombre al hombre

3.- La libertad, derecho eterno que hace hombre (mujer o varón) al hombre

Hace 250 años y aunque todavía no sea plenamente vigente lo que entonces ya se reivindicaba, dijo Beccaria:
ningún hombre ha hecho donación gratuita de parte de la propia libertad en atención al bien público; tal quimera sólo existe en las novelas
algo que aun suena extraño a muchas mentes. Pero Beccaria añadía más:
Las leyes son las condiciones con que hombres independientes y aislados se unieron en sociedad fatigados de vivir en un continuo estado de guerra y de gozar de una libertad convertida en inútil por la incertidumbre de conservarla. Sacrificaron una pare de ella para gozar la restante con seguridad y tranquilidad. La suma de todas estas porciones de libertad sacrificadas al bien de cada uno constituye la soberanía de una nación y el pueblo[1] es el legítimo depositario y administrador de ellas
y cuando añadió que:
No hay que esperar ningún beneficio duradero de la política moral si ésta no está fundada en los sentimientos indelebles del hombre. Cualquier ley que se desvíe de estos encontrarán una resistencia contraria, que vencerá al fin; de la misma manera que una fuerza, aunque sea mínima, vence si es aplicada continuamente a cualquier violento movimiento comunicado al cuerpo
parece que describía una manifestación popular pacífica: una fuerza aparentemente pequeña, los manifestantes son la punta de un iceberg,  contra de un “poder violento” que ellos rechazan inermes.
La violencia no se ve cuando es institucional. El ejercicio del poder legalmente constituido da una apariencia de “legal”; ¿recuerdan aquel exabrupto de Fraga “¡la calle es mía!?”. Lo legal desaparece y se convierte en ilegal cuando los políticos atropellan los derechos humanos. Los manifestantes, ciudadanos donde sigue residiendo la soberanía, les hacen saber su “falta de legitimación” con su rechazo pacífico a “movimiento violento e institucional que ejerce el poder” que, pronostica Beccaría, siempre acabará perdiendo. Es cierto, pero a ve ces tarda mucho en perder.
                Porque, como decía José Antonio Primo de Rivera – para ser fascista basta ser mala persona, algo no siempre reñido con ser inteligente – “la revolución – sobre todo cuanto más pacífica sea, no la de sus matones - es la tarea de una resuelta minoría inasequible al desaliento”.





[1] En el original Beccaria,  ¡estamos en 1763, antes de la declaración de Virginia y de la revolución francesa, 1789! Beccaria dice el soberano, pero hoy sabemos, y así lo reconoce la CE78, que “la soberanía reside en el pueblo del que emanan todos los poderes del Estados” (art. 1.2, CE78) y no en ningún soberano, ni dictador.

5 oct 2013

Jaque al Rey: (5) un agotador trabajo

Leo la tira “El médico Cabanela” del Sr. Cruz que me provoca algunas reflexiones. “El avisó, sin irse por las ramas, de que era mejor que el Rey depusiera las armas de combate, que se dejara de delirios de Rey y se pudiera a trabajar como paciente”. El médico y el Sr. Cruz sabrán que querían decir al decir eso, yo entiendo que lo sensato sería seguir el consejo:
1º.- que el Rey depusiera las armas de combate. Tiene razón, es inútil pretender que se puede heredar, por segunda vez, un nombramiento  ilegítimo, sólo por haberse logrado la primera vez, bajo la amenaza de una segunda edición por los golpistas autores de la primera. Hoy el ejército no es golpista; el nombramiento es igualmente ilegítimo; el pueblo quiere recuperar la democracia robada en 1931, gracias, entre otros, al padre de Juan Carlos I de Franco que quiso matar a los que defendían la república democrática y por eso se apunto en el ejército golpista.
2º.- que se dejara de delirios de Rey. Todo rey que se precie - sobre todo cuanto menos inteligente sea - tiene el deliro de ser heredado por uno de sus hijos. Ninguno quiere que se gane el empleo por sus méritos. El haber sido procreado por sus padres no es mérito, es azar.
3º.- que se pusiera a trabajar como paciente. Hacerlo indicaría que es sensato.
Sigue diciendo: “no es habitual la naturalidad en medio de tanto acartonamiento cm que se abordan las cosas del palacio”. ¿Qué más cabe decir? La mayoría ¿o somos minoría? No queremos el cartón piedra y el falso oropel, sino recuperar la naturalidad de la democracia, robada por el golpista y genocida autor de este artificio de la dictadura que dejó “atado u bien atado”. Es hora de desatarlo como se hizo con el nudo gordiano: un simple e incruento tajo.
Mas sorprendente es, sin embargo, leer: “Quien tiene que sustituirlo [al heredero del dictador] es el Príncipe de Asturias”, así, sin más argumento. Eso es lo propio de la gente inteligente consciente de la sinrazón de su afirmación. Lo mejor es no alegar ninguna. Cualquier (sin)razón es un punto de debilidad. Tener que rebatir la afirmación misma es astuto modo de endosar la carga de la prueba al que está en desacuerdo con la afirmación.
Es mi caso: es falso que tenga que substituirlo el príncipe de Asturias; debe hacerlo los ciudadanos: “La soberanía reside en el pueblo de donde emanan todos los poderes del Estado” (art.1.2,CE78). Los ciudadanos deberán decidir - emanando de él - quien es el Jefe del Estado. La opción es la reescritura dela CE78 por los cerdos:  ““la soberanía reside en el pueblo de donde emanan todos los poderes del Estado (menos uno que emana del dictador)”. O los más “jesuíticos”:  la Jefatura del Estado no es un poder del Estado”. Pues entonces fuera del Estado.
“Todo el mundo sabe que está preparado”. Otra afirmación sin demostración, también falsa: 1º.- muchos, no una minoría, no lo consideramos preparado. Está incapacitado porque “cree que ése es su derecho”; 2º.- tampoco está “preparado”, sino “dispuesto”, algo distinto, a heredar un nombramiento ilegítimo según el refrán español: “llámame pero y échame pan”.
Se alaba la naturalidad del médico Cabanela que dijo: “no sé en que consiste el trabajo del rey”. Ni él ni nadie. En ese mismo ejemplar de EL PAIS, en el reportaje sobre las relaciones entre Isabel II y Margaret Thatcher se describe el trabajo de un rey: "¿Y en qué consiste su  trabajo si no en pasara horas y horas haciendo nada con gente que no conoce ni tiene especial interés en conocer?". ¿Y despilfarramos millones de euros pagando por hacer ese trabajo?
Este rey podrá ser ilegítimo, pero no tonto como el del cuento de Andersen. Por eso no se arriesga a pasear. Aun sin hacerlo, los niños y las personas mayores lo dijimos ayer en la manifestación “Jaque al Rey” con igual naturalidad que el médico Cabanela. Un anuncio a doble página de EL PAÍS impidió aparecer como el haz y el envés dos reportajes opuestos: “Un príncipe sin funciones” (el paro llega a la familia real) y “El jaque al rey concentra a más de 1.000 personas en Madrid”, afirmación ciertamente verdadera: 2.000 es más que 1.000.

La marca Partido Popular: miente, engaña, oculta

En eso consiste la transparencia. No hay nada más transparente que la mentira. La verdad es algo sólido, contundente, irrebatible; uno no pude negar su existencia. Su opuesto, la mentira, es la que propagan todos los que abanderan la transparencia: la mentira no existe, por eso es transparente; la mentira no es sólida, por eso es transparente; la mentira no se puede ver, porque es transparente de pura inexistencia. No puede ser ni siquiera translúcida. ¡No existe!
Tomemos el ejemplo de la Srª Cospedal hablándonos del “… finiquito diferido … en forma de simulación….”, etc., etc. No existe nada de lo que dice; porque la mentira es tan transparente, desaparece. No hay nada. No cabe ninguna responsabilidad por mentir, ¡ algo que no existe!
Tomemos las declaraciones del Sr. Montoro cuando estaba en la oposición: “nosotros sabemos cómo arregla esto”. Era una mentira evidente. Le reprochaban que no quisiera explicarlo. ¡No podía! Todo era mentira; no sabían como arreglarlo. Si hubiera sido una verdad hubiera sido algo sólido; se hubiera podido explicar, enseñar, permitir que se analizaran los razonamientos y se discutieran. Pero era una mentira transparente y por eso al ser inexplicable, no lo explicó.
La gente, sobre todo a la no reflexiva, que desgraciadamente es la mayoría, lo que le gustan son las mentiras. Educados en tener fe en lo que no ven, les resulta muy fácil tener fe en una mentira que no ven. Por eso, no por otra razón, el mentiroso está condenado a triunfar. Dice una mentira y la gente le cree, porque no ve nada, tiene fe. La fe niega la evidencia.
Ahí tenemos también al Sr. Rajoy cuando dice: “todo es mentira menos algunas cositas que han publicado Vds.” ¿Cuáles? No hay por qué explicarlo, la verdad se explica sola y las mentiras, como no existen no hay por qué explicarlas. ¿Cómo se va a explicar la mentira? Su afirmación no puede ser más correcta. En ningún lado se dice cuantas son esas cositas, cuáles son esas cositas, etc. Cuando aparezcan, es decir cuando se vea que son verdad nadie lo negará, pero todo lo demás, mientras tanto, son mentiras. Hay, pues, que tener fe en que todo lo demás, lo que no vemos, es mentira. Y seguir creyendo.
Mentir en el Parlamento no tiene ninguna importancia para los mentirosos. ¡Las mentiras no existen; como son mentiras, son transparentes de puro inexistente! Sólo las verdades existen y por eso no tiene sentido exigir que el Sr. Rajoy vaya a decir que dijo algo que no existe. Eso lo entiende todo el mundo. Basta oír a esas cabezas de la intelectualidad que son el Sr. Floriano, el otro que se cortó el bigote y la Srª Cospedal, sin olvidar a un tal Alonso; todos seguidos de cerca por ese otro prodigio valenciano el Sr. Pons compitiendo entre sí en dura lucha por ser el "portavoz de "la marca Partido Popular".
Nos enteramos que el gobierno presionó para intentar que en la entrevista de Bloomberg se eliminaran las preguntas y respuestas del Sr. Rajoy sobre el caso Bárcenas. ¡Eso sí que es "la marca España! ¿O es la "marca Partido Popular"? Pues claro que les preocupa que el Sr. Rajoy dijera una verdad: “eso nunca podrá demostrarse”. Eso es cierto; ya pasó con sus predecesores. Pero porque es verdad, es visible y más que visible, ostentosa. Al decir que “eso nunca podrá demostrarse”, declaró que sí hubo corrupción en el Partido Popular, pero que “eso nunca podrá demostrarse”. ¡Un error decir la verdad! Luego, ya no sirvió de nada intentar arreglarlo diciendo: “porque nunca hubo corrupción”. Ésta afirmación, como es una mentira, como tal es información transparente y nadie la ve. Por eso lo único que queda es la única verdad del Sr. Rajoy: “eso no podrá demostrarse”. Algo demasiado sólido.